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Carlos Mazón dimite: el final de un mandato ahogado por la DANA y la presión social

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El presidente valenciano renuncia tras un año marcado por la tragedia de 2024, las críticas a su gestión y las protestas en el funeral de Estado por las víctimas. “No puedo más”, ha dicho entre reproches al Gobierno y autocrítica tardía

A primera hora de la mañana, el Salón de los Espejos del Palau de la Generalitat acogió una imagen inédita: Carlos Mazón, visiblemente afectado, anunciaba su dimisión como presidente de la Generalitat Valenciana.
Flanqueado por su Consell y tras haber informado al Rey Felipe VI, Mazón compareció ante los medios con un tono quebrado y un discurso cargado de autocrítica, agotamiento y reproches hacia el Gobierno central.

“Por voluntad personal habría dimitido hace tiempo porque ha habido momentos insoportables”, confesó.
“Ya no puedo más.”

El dirigente popular no convocó elecciones anticipadas, sino que apeló a la mayoría parlamentaria de 2023 para elegir a su sustituto. Permanecerá en funciones unas semanas y ha solicitado la baja médica, según fuentes del Palau.

La dimisión culmina un año de desgaste político y emocional, marcado por la tragedia de la DANA de 2024, las filtraciones sobre su paradero durante aquellas horas críticas y el creciente distanciamiento entre Mazón y la sociedad valenciana.

El 29 de octubre de 2024 una DANA devastó la provincia de Valencia y dejó 229 muertos. El desastre natural, el peor en la historia reciente de la Comunidad Valenciana, se convirtió también en un símbolo político.

A medida que las aguas del barranco del Poyo se desbordaban, Mazón mantenía una comida de trabajo en el restaurante El Ventorro con la periodista Maribel Vilaplana. Entre las 15:00 y las 18:45 horas, según el sumario judicial, el presidente se encontraba lejos de la zona más afectada mientras la situación se agravaba.

En su declaración institucional de hoy, Mazón reconoció lo que calificó como “errores que le acompañarán toda la vida”:

  • No pedir la declaración de emergencia nacional, pese a la insistencia de Alberto Núñez Feijóo.
  • Dejar circular bulos sin desmentirlos a tiempo.
  • Y, sobre todo, “mantener la agenda de ese día”.

“Es verdad que en la otra punta de la provincia, el temporal se centraba en Utiel, y yo debí haber tenido la visión política de cancelar mi agenda y desplazarme hacia allí”, reconoció.
“Cometí otro error: permitir que se instalara la idea de un presidente ajeno a la emergencia durante aquella fatídica tarde.”

Durante meses, las revelaciones sobre su jornada en El Ventorro fueron apareciendo a cuentagotas en los medios. La última, conocida hace apenas unos días, revelaba que Mazón acompañó a Vilaplana al aparcamiento tras la comida. Un detalle menor, pero devastador simbólicamente.

La dimisión llega apenas cinco días después del funeral de Estado por las víctimas de la DANA, celebrado el 29 de octubre de 2025.
El acto, previsto como homenaje y cierre del duelo colectivo, se convirtió en un bochorno político para el president.

A su llegada a la Catedral de Valencia, Mazón fue recibido con gritos de “asesino” y “cobarde” por parte de familiares y vecinos afectados. Las imágenes, retransmitidas en directo, mostraban al dirigente cabizbajo, escoltado por agentes y visiblemente superado.

El episodio encendió todas las alarmas en el Partido Popular, donde ya se acumulaban sondeos demoledores: el 75 % de los valencianos y el 67 % de los votantes del PP pedían su dimisión, según la encuesta conjunta de ABC y Las Provincias publicada esa semana.

Desde entonces, los movimientos internos en Génova y en la cúpula autonómica fueron discretos pero constantes. Feijóo habló varias veces con Mazón este fin de semana para persuadirle de que su salida era “la única vía” para salvar la legislatura y el proyecto popular en la Comunitat Valenciana.

El relato de la sobremesa

Durante doce meses, Mazón resistió cada revelación sobre su paradero durante la DANA. La versión oficial cambió varias veces: primero negó haber estado comiendo durante el temporal, luego admitió la reunión “breve y profesional”, y finalmente tuvo que reconocer su duración y contexto.

Entre las 18:57 y las 19:34 horas de aquel día, no realizó ni recibió llamadas, pese a los intentos desesperados de la consellera de Emergencias, Salomé Pradas, de localizarlo. La Generalitat asegura que llegó a su despacho “antes de las 20:00”, aunque nunca ha precisado la hora exacta.

“He pedido perdón, pero ninguno de mis errores fue por cálculo político ni mala fe. No sabíamos que el barranco del Poyo se desbordaba”, insistió hoy Mazón.

Su versión, sin embargo, no logró reconciliarlo con una opinión pública que veía en su gestión un reflejo de la distancia entre el poder y la calle.
La narrativa mediática y social acabó construyendo la imagen de un presidente ausente, incapaz de liderar en el momento más crítico de su mandato.

El pasado domingo, tras una multitudinaria manifestación en Valencia que reclamaba su renuncia, Mazón pasó el día en Alicante junto a su núcleo duro. Allí mantuvo conversaciones con Feijóo y con los líderes provinciales del PP para negociar una salida ordenada.

“La Generalitat necesita un nuevo tiempo”, afirmó este lunes.
“Que no haya campaña de odio ni señalamiento contra nadie.”

El todavía president en funciones acusó a la izquierda de haber “utilizado la tragedia contra él” y de “ocultar la falta de ayudas del Gobierno central”.
Desde Moncloa respondieron poco después: “No se ha rechazado ni una sola petición de la Generalitat. Las inversiones superan los 1.200 millones de euros.”

Fuentes de Génova confirman que el PP busca ahora un perfil de consenso dentro del grupo parlamentario para evitar una repetición electoral.
El nombre que suena con más fuerza es el del secretario general del PPCV, Juanfran Pérez Llorca, aunque Vox, socio de gobierno, no garantiza aún su apoyo sin contrapartidas.

Epílogo de un ciclo

Carlos Mazón se marcha tras 1.035 días en el poder, dejando un legado marcado por la catástrofe y la fractura emocional de una Comunidad que nunca volvió a confiar plenamente en su líder.

“Espero que con el tiempo la sociedad pueda distinguir entre un hombre que se ha equivocado y una mala persona”, dijo al final de su discurso.

A las puertas del Palau, decenas de familiares de las víctimas se concentraban de nuevo esta mañana con un mensaje que resume el sentir popular:
“229 razones para no olvidar.”

La dimisión de Mazón no cierra la herida: apenas inicia el proceso de recomposición política de una Comunidad que sigue buscando respuestas —y justicia— un año después de que el agua lo arrasara todo.

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