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Así fue el estreno de «Aurora sobre el Arcoíris» en el Diversielx

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El 24 de febrero no fue solo una fecha en el calendario. Fue el cierre —o quizá el verdadero comienzo— de un proceso que, si soy honesto, ni siquiera sé cuándo empezó exactamente. Solo recuerdo una idea fija: en 2025 quería lanzar un podcast documental. Y recalco lo de podcast porque esa era la esencia. Quería volver al sonido, a la voz desnuda, al relato pausado y profundo. Quería contar una historia con rigor periodístico, con contexto, con memoria.

La chispa surgió cuando le propuse a Alex Zulfo abordar un tema que había sacudido la ciudad: las declaraciones de Aurora Rodil, concejala de Vox en Elche, contra el colectivo trans y, especialmente, contra las mujeres trans. No eran solo palabras lanzadas en un pleno; eran discursos que cuestionaban identidades, derechos y existencias. Y eso, en 2025, no es menor.

Alex Zulfo, presidente de Temis Elche, entendió desde el primer momento que aquello merecía ser documentado. No como una polémica pasajera, sino como un testimonio de época. Desde Temis, que lleva años defendiendo los derechos LGTBI en la ciudad, la preocupación era evidente: los discursos institucionales tienen consecuencias reales. Legitiman miradas, activan prejuicios, marcan el tono del debate público.

Lo que comenzó como una investigación sonora empezó a crecer. Las entrevistas se sucedían y cada conversación abría nuevas capas. No era solo analizar unas declaraciones; era escuchar cómo impactaban en las vidas de personas concretas. Ahí aparecieron las verdaderas protagonistas: Naylla Valdivia, conocida como Aletranstube, y Nayomi Sala. Sus testimonios no eran abstractos ni teóricos: hablaban de dignidad, de miedo, de resistencia y de la necesidad de ocupar el espacio público con orgullo.

También se sumó Yusi, activista de Temis Elche, aportando la perspectiva del trabajo de base: el acompañamiento, la pedagogía constante, la lucha contra la desinformación. Y la mirada institucional llegó de la mano de Esther Díez, concejala de Compromis en Elche, que contextualizó el debate político y recordó que los derechos LGTBI no son concesiones ideológicas, sino derechos humanos respaldados por marcos legales.

En paralelo, Alba Luna Meyer, fotógrafa aliada, comenzó a capturar imágenes que terminarían siendo fundamentales. Porque en algún punto del proceso el proyecto dejó de caber en un archivo de audio. Las voces pedían rostro. Las emociones necesitaban gesto. El silencio necesitaba plano. Y casi sin darme cuenta, aquel podcast documental empezó a mutar en una pieza audiovisual.

No fue una decisión estratégica; fue orgánica. El relato pedía imagen. Y así, lo que estaba pensado para escucharse en auriculares terminó buscando una pantalla.

El estreno tuvo lugar en el Casal Jaume I, dentro del festival de cultura independiente Diversielx. El contexto no podía ser más simbólico: un espacio cultural comprometido, un festival que celebra la diversidad y una ciudad que estaba —y está— atravesando debates intensos sobre derechos y discursos.

La sala se llenó. Activistas, estudiantes, periodistas, representantes políticos, amistades, personas del colectivo y también ciudadanía que quería entender qué había ocurrido realmente. Había nervios, claro. Era mi primer documental. Pero también había una sensación de comunidad difícil de describir: la certeza de que aquello no era un proyecto individual, sino colectivo.

Antes de la proyección insistí en el origen del proyecto. Recordé que nació como podcast documental, como una apuesta por el periodismo narrativo y la memoria. Porque este trabajo no busca el enfrentamiento fácil ni el titular incendiario. Busca contextualizar, contrastar y, sobre todo, escuchar. Escuchar a quienes suelen ser objeto de debate pero raramente sujetos del relato.

Durante la proyección, el silencio fue absoluto. Un silencio atento. Las palabras de Naylla y Nayomi resonaban con fuerza. Las reflexiones de Alex, de Yusi, de Esther. Las imágenes de Alba. No había estridencia, pero sí contundencia. No había dramatización excesiva, pero sí verdad.

Al finalizar, los aplausos no fueron solo para la pieza audiovisual. Fueron para las protagonistas. Para el activismo que sostiene. Para la valentía de poner el cuerpo y la voz en un contexto donde el cuestionamiento público duele. Después llegó el coloquio, donde se habló de libertad de expresión y de responsabilidad institucional, de la línea que separa la opinión política del señalamiento, y del momento que vive el colectivo trans en España y en Europa.

Porque este documental no trata únicamente de unas declaraciones concretas. Trata del clima social. De cómo los discursos que se emiten desde cargos públicos pueden normalizar la sospecha sobre las personas trans. De cómo, frente a eso, la cultura independiente y el periodismo pueden convertirse en herramientas de resistencia.

Para mí, presentar este trabajo en Elche tuvo un significado especial. No era proyectarlo en una ciudad lejana. Era hacerlo en casa. Mirar al público y reconocer rostros conocidos. Saber que lo que estaba en pantalla no era ficción, sino una parte viva del presente de la ciudad.

Lo que comenzó como una idea difusa para 2025 terminó adelantándose al calendario y materializándose el 24 de febrero. A veces los proyectos encuentran su propio camino. Este empezó como podcast, creció como documental y se consolidó como acto colectivo de memoria y defensa de derechos.

Y quizá ahí está la verdadera verdad de todo esto: que contar las historias importa. Y que, cuando se cuentan desde la comunidad y para la comunidad, dejan de ser solo un producto cultural para convertirse en un gesto político.

Esto lo escribo el 27 de febrero a la 1:08 de la madrugada.
En unas horas sabré si me he llevado el premio de cine del Diversielx. Y, pase lo que pase, necesito dejar esto por escrito.

Si ese reconocimiento llega, será mucho más que mío.

Será de Ade y de Lamys, por sostenerme en las noches interminables de edición, cuando el cansancio me volvía irritable y las dudas me hacían empezar de cero una y otra vez. Por los cafés a deshoras, por los “tranquilo, va a salir bien”, por no soltarme cuando yo mismo estaba a punto de hacerlo.

Será de Alex, por creer en esta idea incluso cuando solo era una intuición desordenada, por abrir puertas, por conseguir las fuentes, por acompañar cada paso sin pedir nada a cambio.

Será, sobre todo, de cada una de las protagonistas que decidió hablar. De quienes pusieron voz a su historia sin miedo, sabiendo que exponerse nunca es fácil. Su valentía es el verdadero corazón de este documental.

Será también de quienes, desde la política —sea cual sea su ideología—, entienden que los derechos humanos no son una batalla partidista, sino una responsabilidad colectiva.

De las personas aliadas que están sin necesidad de protagonismo. De mis padres y de mi hermana, que me han visto obsesionarme, frustrarme y volver a intentarlo, y aun así siguen ahí, orgullosos incluso cuando yo solo veo fallos.

De los golpistas y añadidos (ellos saben quiénes son, y saben cuánto significan).

Y, por encima de todo, será de toda la gente que no se calla. De quienes siguen diciendo lo que piensan aunque incomode, aunque canse, aunque duela. Porque este documental nace del amor, pero también de la rabia. Nace del convencimiento de que el silencio nunca nos ha protegido tanto como la palabra compartida.

Si hay premio, lo recogeré con las manos temblando.
Y si no lo hay, sabré que ya ganamos el día que llenamos una sala y nos miramos a los ojos sin miedo.

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